EL CEREBRO
El cerebro (del latín cerebrum, con su raíz indoeuropea
«ker», cabeza, en lo alto de la cabeza y «brum», llevar; teniendo el
significado arcaico de lo que se lleva en la cabeza) es un término muy general
y se entiende como el proceso de centralización y cefalización del sistema
nervioso de mayor complejidad del reino animal.
El cerebro humano de un adulto pesa en promedio alrededor de
1,4 kg, con un tamaño (volumen) de alrededor de 1130 cm3 en mujeres y 1260 cm3
en hombres, aunque puede haber individuos con variaciones importantes. Los
hombres con igual altura y superficie corporal que las mujeres tienen en
promedio cerebros 100 gramos más pesados, aunque estas diferencias no se
relacionan de ninguna forma con el número de neuronas de materia gris o con las
medidas generales del sistema cognitivo. Los neandertales tenían un cerebro
más grande en la edad adulta que los humanos actuales. El cerebro es muy
blando, presentando una consistencia similar a la gelatina blanda o a un tofu
consistente. A pesar de ser conocida como «materia gris», la corteza es de un
color beige rosado y de color ligeramente blanquecino en el interior. A la edad
de 20 años, un hombre tiene alrededor de 176 000 km de axones mielinizados en
su cerebro y una mujer cerca de 149 000 km.
El cerebro se encuentra situado en la cabeza; por lo
general, cerca de los principales órganos de los sentidos como la visión,
audición, equilibrio, gusto y olfato. Corresponde, por tanto, al encéfalo de
humanos y otros vertebrados y se subdivide en cerebro anterior, medio y
posterior. En otros animales, como los invertebrados bilaterales, se entiende
como cerebro a una serie de ganglios alrededor del esófago en la parte más
anterior del cuerpo (véase protóstomos e hiponeuros) comprendidos por el
protocerebro, deutocerebro y tritocerebro en artrópodos, ganglios cerebral,
pleural y pedial en moluscos gasterópodos y masas supraesofágica y subesofágica
en moluscos cefalópodos. También poseen cerebros muy arcaicos o simples
bilaterales como platelmintos, nemátodos o hemicordados. Sin embargo, hay
bilaterales que muestran muy pocos rasgos distintivos de cefalización como los
bivalvos o briozoos. En algunas especies de invertebrados no existe un cerebro
por carecer completamente de sistema nervioso, como los poríferos, placozoos y
mesozoos, y otros, aunque poseen un sistema nervioso, carecen de rasgos
definidos de centralización o cefalización al mostrar simetrías no bilaterales
como los cnidarios, ctenóforos o equinodermos.
Los hemisferios cerebrales forman la mayor parte del cerebro
humano y se encuentran por encima de otras estructuras cerebrales. Están
cubiertos de una capa cortical con una topografía sinuosa. Por debajo del
telencéfalo se encuentra el tronco encefálico, semejante a un tallo en el que
está unido el telencéfalo. En la parte trasera del cerebro, debajo del
telencéfalo y detrás del tronco encefálico, está el cerebelo, una estructura
con una superficie surcada horizontalmente que le hace parecer diferente de
cualquier otra área del cerebro. Las mismas estructuras están presentes en
otros mamíferos, aunque el cerebelo no es tan grande en relación al resto del
cerebro. Por regla general, cuanto menor sea el telencéfalo, menos rugosa es la
corteza. La corteza de una rata o un ratón es casi completamente lisa. La
corteza de un delfín o una ballena, en cambio, es más sinuosa que la corteza de
un ser humano.
El rasgo dominante del cerebro humano es corticalización. La
corteza cerebral en los seres humanos es tan grande que eclipsa cualquier otra
parte del cerebro. Unas pocas estructuras subcorticales muestran alteraciones
que reflejan esta tendencia. El cerebelo, por ejemplo, tiene una zona media
conectada principalmente a las áreas motoras subcorticales, y una zona lateral
conectada principalmente a la corteza. En los humanos la zona lateral ocupa una
fracción mucho más grande del cerebelo que en la mayoría de las otras especies
de mamíferos. La corticalización se refleja en la función así como la
estructura. En una rata, la extirpación quirúrgica de toda la corteza cerebral
deja un animal que todavía es capaz de caminar e interactuar con el medio
ambiente.En un ser humano, daños comparables en la corteza cerebral producen un
estado de coma permanente. La cantidad de corteza de asociación, en relación
con las otras dos categorías, aumenta dramáticamente a medida que se pasa de
mamíferos simples, tales como la rata y el gato, hasta los más complejos, como
el chimpancé y el humano.



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